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En el siglo IV a. C., el filósofo griego Platón argumentaba en su
célebre obra La República que los poetas debían ser expulsados de
las ciudades, ya que, en sus palabras, la poesía enseñaba mentiras
contrarias a lo que debería opinar un hombre adulto, pues estas
apelaban a las emociones en vez de a la razón.
En 1990, el gobierno de Puerto Rico criminalizó con multas a quienes
escuchaban el género musical reggaetón en espacios públicos o
incluso en sus propios vehículos. Se llegaron a realizar redadas
en tiendas de discos, retirando los CDs que contenían esta música.
Todo esto porque lo catalogaba como una amenaza moral que incitaba
la violencia, el consumo de drogas y la promiscuidad.
“El ajedrez es una mera diversión inferior que roba a la mente un tiempo
valioso que podría dedicarse a logros más nobles y que no ofrece
ningún beneficio al cuerpo”. Esto decían las páginas de la
prestigiosa revista Scientific American en 1859, cuando este juego
se popularizó en EE. UU.
Durante los años 80, diversos pastores y grupos religiosos acusaron al juego de “Mazmorras y Dragones” de
promover el satanismo, la violencia e ideas suicidas entre los
jóvenes que lo jugaban.
En su libro La seducción de los inocentes,
el psicólogo y psiquiatra Fredric Wertham acusaba a los cómics de promover la delincuencia y la homosexualidad entre los más
jóvenes, causando un pánico en la sociedad estadounidense de los
años 50. Como resultado, comenzaron a organizarse quemas masivas
de cómics de personajes como Batman y Wonder Woman.
En la época de la última dictadura cívico-militar de la Argentina existió una
lista de más de 200 canciones que los medios de comunicación de la
época no podían transmitir. En este catálogo, denominado
“Cantables cuyas letras se consideran no aptas para ser difundidas
por los servicios de radiodifusión”, entraban tanto artistas
nacionales como Atahualpa Yupanqui, Horacio Guaraní, Víctor
Heredia, Mercedes Sosa, León Gieco, María Elena Walsh y Charly
García, como también se llegó a prohibir cualquier canción en
inglés. ¿Por qué? Porque estas canciones hablaban de drogas,
sensualidad y libertad.
Una de las primeras instituciones en condenar los videojuegos de manera pública fue el National Safety
Council de EE. UU. en 1976, gracias al lanzamiento del juego
Stewart Burkley —uno en el que conducías un auto que atropellaba
gremlins—, tachándolo de macabro y dañino para la mente de los
niños.
En los últimos 10 o 20 años se ha dicho que internet es
peligroso para los jóvenes, citando diversos casos en los que
múltiples fuentes de pensamiento y orígenes variados han señalado
grupos dentro de las redes sociales que incitan a las nuevas
generaciones a realizar actos que van desde atentados en escuelas,
esparcir discursos de odio, autolesionarse, desarrollar trastornos
o creer en teorías conspirativas, hasta pecados tales como
volverlos homosexuales, más estúpidos, con pensamientos de la
izquierda política o simplemente ser “raros”.
Aquí hay una conexión: con solo estos pocos casos nombrados podemos ver un
claro parecido: personas mayores tachando algo novedoso como un
peligro para los jóvenes que lo consumen. ¿Saben qué es lo más
irónico de todo? Que, en muchos casos, medios que anteriormente
fueron criticados hoy en día se transformaron en la alternativa
“sana” a las nuevas modas. O sea, ¿quién no tiene ese tío que dice
“música era la de antes” y nos explica que el reggaetón es obsceno
y que deberíamos escuchar metal como él, siendo que ambos géneros
sufrieron acusaciones muy similares en distintos momentos de la
historia? O ese adulto que comenta que poesía es literatura de
verdad, no como esos dibujitos chinos que ahora todos los jóvenes
leen.
Ejemplos como estos hay miles, y me gustaría decir que son
todas ideas tontas, que ningún crimen real fue incitado por algún
medio popular. Que todo esto es simplemente el miedo de nuestras
generaciones de que sus gustos ahora se consideren anticuados o,
simplemente, el miedo que nos surge como sociedad al no entender
algo nuevo.
Pero me veo obligada a nombrar situaciones donde
pareciera que esto no es así.
Es sabido para la mayoría de personas que ya pasaron algún tiempo en el peor lado de internet
que, en ciertos grupos cerrados de algunas redes sociales, se
encuentran los incels —acrónimo de la expresión inglesa
involuntary celibate, en español “célibe involuntario”—. Grupos de
hombres que, por alguna o múltiples razones, no logran tener
relaciones sexuales y/o románticas y que, a raíz de esto, generan
un odio hacia las mujeres, grupos específicos o la sociedad en
general. Estas personas suelen motivarse entre ellas y aplaudir
actos de odio, quizás impulsados por su frustración con la vida
misma o consigo mismos, no lo sé. Lo que sí sé es que múltiples
atentados surgieron a partir de estos grupos. Algunos que puedo
mencionar son:
- El 4 de agosto de 2009, George Sodini: 4 muertos,
9 heridos.
- El 23 de mayo de 2014, Elliot Rodger: 6 muertos, 13
heridos.
- El 7 de diciembre de 2017, William Atchison: 2 muertos.
- En abril de 2018, Alek Minassian: 10 muertos, 14 heridos.
- El 15 de abril de 2026, İsa Aras Mersinli: 10 muertos, 13 heridos.
Casos como estos hay decenas, varios muy dolorosos de leer. Lo
peor es que varias víctimas sobrevivientes de estas personas
decían no conocer ni tener ningún vínculo con los individuos, lo
que hacía parecer que a estos hombres los guiaba una sed ciega de
ira, la cual desahogan con la primera persona que encuentran
indicada.
El grooming es una práctica de abuso en la que un adulto
busca ganarse la confianza de un menor para explotarlo
sexualmente, tanto en línea como en persona. Y, tristemente, se ha
convertido en una palabra común en nuestro día a día. Desde
personas mayores fingiendo ser niños en juegos en línea para
acercarse a menores, hasta figuras famosas utilizando sus redes
para acceder a sus jóvenes fans. Al menos una vez a la semana
encontramos una noticia de este estilo. Se ha vuelto tan común que
plataformas ya múltiples veces acusadas de promover esto, como
Roblox, han comenzado a tomar medidas que, para ciertas personas,
resultan casi extremas, y para otras, necesarias.
A pesar de esto, pareciera que estas personas siempre encuentran la forma de dañar
a los más pequeños.
Ok, ahora vamos a hablar de algo un poco menos conocido. ¿Saben qué son las “princesas”? Así se denominan
múltiples grupos que existen en plataformas como Twitter, TikTok o
Pinterest, los cuales promueven trastornos alimenticios. Estos
grupos suelen ocultarse detrás de la fachada de grupos de fans de
K-pop, inclinados hacia la feminidad o ciertas estéticas como la
coquette o la cutecore, para en realidad compartir dietas
extremas, pesos irreales como “esperables” o consejos para perder
peso. Lo peor de todo esto es que, a diferencia de los casos
anteriores, existen muy pocas medidas que realmente busquen
eliminar estos grupos, y pareciera que a las plataformas donde
existen no les importan las niñas, jóvenes y mujeres adultas que
afectan.
Si bien también podría nombrar casos donde se decía que
internet o alguno de los medios anteriormente nombrados fueron
culpados de inspirar crímenes, pero que al final solamente fue el
amarillismo de la prensa —como el caso de la ballena azul o las
creencias de que Mortal Kombat corrompería a la juventud—,
resaltar estos casos donde la influencia no fue real, o
directamente los casos no existían, no tapa los casos donde sí
ocurrió. Donde una persona se dejó llevar por lo que un nuevo
medio le decía.
Es entonces donde caigo en la pregunta: ¿son acaso
los medios quienes influencian al individuo, o acaso son los
individuos quienes influencian al medio?
En el año 2019 se estrenó
la galardonada película Joker —la cual, para nuestra desgracia,
nunca tuvo una secuela—. En esta, nuestro protagonista, un hombre
infeliz con varios problemas psicológicos, un día se harta de
quienes se burlan de él y mata a dos empleados de una importante
empresa de la ciudad, sin ninguna razón más que venganza y
autodefensa. Sin embargo, las personas reprimidas de la ciudad y
los medios lo toman como un acto de guerra contra la élite rica y
comienzan a causar masacres en su nombre. Es entonces que este
hombre, que solo quería vengarse de dos hombres que se burlaban de
él, termina encabezando sin querer un movimiento que poco o nada
tiene que ver con sus motivaciones reales.
La película es mucho más compleja que eso, pero a lo que me quiero referir es a cómo, a
veces, para la sociedad es mucho más fácil culpar a un medio
externo de actos de violencia que admitir su propia culpa en los
mismos. En este caso, la sociedad, en vez de darse cuenta de que
esta ola de violencia se debe a cómo el gobierno de la ciudad está
recortando fondos, afectando severamente la calidad de vida de las
clases bajas de la ciudad, haciendo que estos se levanten
violentamente contra quienes los oprimen en busca de una mejoría
en sus vidas, decide culpar a un trastornado vestido de payaso y
decir que el resto le copia a él. ¿Por qué? Porque sí. O sea,
lógicamente, lo que el Joker hizo fue un detonante, pero si ese no
era el detonante, será otro, simplemente porque las personas
estaban enojadas y, de una forma u otra, buscarían la forma de
atacar a quienes llevaban años arruinándoles la vida.
Y luego, como la sociedad está viviendo momentos complicados, la música,
los juegos, las películas, internet y absolutamente todo hablaría
de eso, ya que es el contexto donde crecerían todas estas ideas.
Estos medios le hablarían a las personas que viven o vivieron este
tipo de situaciones, y quizás alguna de esas cientos de personas
que consumen estos medios lo utilizaría como catalizador de algún
otro tipo de forma de violencia, creando así un ciclo
interminable.
Los padres preocupados, los gobiernos, las
instituciones religiosas y todos aquellos que culpan a los medios
del actuar de las juventudes o de la sociedad en general es porque
no pueden mirar a los ojos a estas personas y admitir los errores
propios.
Y no digo que no los entienda. Imagino que es horrible
para una madre admitir que su hijo se suicidó porque no le daba
suficiente atención, o como sociedad, que existe un grupo de
personas felices con cometer actos de odio por el machismo que
esta misma promueve. Sé que son temas difíciles y complejos de
afrontar, pero estoy segura de que sería mucho más efectivo darse
cuenta de estos errores e intentar ser mejores en el futuro, que
atacar a programadores y cantantes que solamente nos hablan del
contexto que habitamos y que, en contadas situaciones, tienen un
peso real en el cambio de la sociedad. Y, principalmente, creo que
hay que dejar de atacar al medio por el cual se transmite una
información dañina y empezar a dirigir ese odio a quien esparce
ideas peligrosas.
En mi humilde opinión, dejen a sus hijos jugar
videojuegos, pasearse por internet, escuchar rock, perrear, leer
cómics y poesías, siempre con supervisión. Edúquenlos para que no
se crean lo primero que escuchen. Díganles lo mucho que los aman.
Luchen por un mundo mejor para ellos, y siempre que noten un
problema que se les escape de las manos, busquen ayuda psicológica
Fuentes:
Critica de platón a la poesía en “Republica“, Scribd
(Crítica de Platón a la poesía en "República" | PDF | Platón |
Verdad)
Reguetón: de música censurada en Puerto Rico a fenómeno
mundial, Esquinard (Reguetón: de música censurada en Puerto Rico a
fenómeno mundial - EsquinaRD)
Música y censura en la última dictadura militar, Comunica, agencia de noticias (Música y censura
en la última dictadura militar)
Incel, Wikipedia (Incel - Wikipedia, la enciclopedia libre)
Crecen las comunidades que promueven los trastornos alimentarios, La voz de Galicia (Crecen
las comunidades que promueven los trastornos alimentarios)
“Joker”, Todd Phillips
¡prontamente!
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